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Tabo en Pelotas*
Lo hice, asistí a un paseo nudista, y esta es mi historia:
Martes 1 de Junio. Caracas:
Llamada telefónica a Juanita:
Yo: Oye, ¿quieres ir a la playa el sábado?
Juanita: Seguro, ¿a qué hora?
Yo: Te busco a las 7 de la mañana ¿vale?
Juanita: Dale, nos vemos el sábado.
Sábado 5 de Junio. Estacionamiento de Chuspa:
Pagando el ticket del estacionamiento:
Señora del estacionamiento: Buenos días, bienvenido a
lo más bello que tiene Vargas! ¿A dónde se
dirigen hoy? ¿A Caribe?
Yo: No, vamos para (llamémosla Paragüita para los
efectos) Paragüita.
Señora del estacionamiento: Ah, la de los nudistas…
(Ligera mirada de desaprobación)
Yo: Si, gracias. Por cierto Juanita (con tono de que se me olvido
algo insignificante) la playa a la que vamos es nudista. Ey! Mira
allá hay un puesto (soy bueno cambiando de tema ¿no?)
Ya no hay marcha atrás:
Luego de unos minutos en una lancha empecé a divisar a lo
lejos una cantidad considerable de cuerpos pero ninguna tela de
colores que los cubriera. Apenas puse un pie en la arena le comente a
Juanita que aquello no era tan extraño como hubiese pensado,
cada persona estaba haciendo exactamente lo que harías tu o
cualquier otro en la playa, la única diferencia era que
estaban desnudos.
Buscamos rápidamente un lugar para poner nuestras cosas en un
extremo de la playa. Apenas pusimos las sillas y el toldo mi amiga se
quito el top, yo me quite el short y ella se quito el bikini y yo me
quite, bueno ya no había nada más que quitarse.
De vez en cuando alguna persona se nos acercaba a saludarnos y darnos
la bienvenida, todos increíblemente amables en un ambiente de
completo respeto.
Difícilmente pudiese decir que he disfrutado tanto de la playa
como lo hice ese día o que me he sentido más cómodo
en cualquier otro lugar, la arena, el agua, el sol y el viento.
Conocí y hable con muchísimas personas, compartí
y reí. Y me di cuenta que había olvidado que no me
cubría ninguna ropa.
La desnudez pasó a segundo plano y lo importante era la
persona, desnuda en alma.
De vuelta a la ropa
Al montarme de nuevo en la lancha para ir de vuelta, comencé a
pensar y me di cuenta que algo cambio dentro de mí. Fue algo
sutil pero lo sentía. Pensé en cuáles son las
cosas que importan y cuales sólo estorban. Me di cuenta que
nos llenamos la cabeza con mierda y ocupamos espacio en tonterías
como si soy lo suficientemente flaco o lo suficientemente musculoso,
si se nota los riales que tengo con la camisa que me compre o mi pene
es lo suficientemente grande para considerarme un macho de película
porno, si las tetas son lo suficientemente grandes para ser
considerada una MUJER, si logró voltear 50 cabezas mientras
desfila por la calle.
Y si es verdad, había cuerpos de todas las formas, tamaños
y colores pero la brecha de diferencias era mucho menor, al final
compartimos la misma anatomía y una estructura y organización
bastante similar. Y es que no somos tan diferentes.
A toda la gente de Nudistas Venezolanos muchas gracias por una
experiencia increíble. Y a todos aquellos que lean, les
recomiendo que se atrevan, les aseguro que es una experiencia sana,
segura y con el mejor grupo que se podría tener. No me
gustaría ubicarlo en una lista de “Diez cosas que hacer
antes de morir” pero si en una lista de “Diez cosas que
hacer para vivir”.
Gustavo Maldonado
Tomado de la revista Naranja Pelada. Julio 2010.
* Este artículo es la continuación de
Caracas en pelotas!, publicado por el mismo autor en Mayo de 2010.
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